EL JABALÍ DE ERIMANTO
El cuarto trabajo impuesto a Heracles consistió en capturar
vivo al Jabalí de Erimanto, animal feroz y enorme que frecuentaba las laderas
cubiertas de cipreses del monte Erimanto y los matorrales del monte Lampea en
Arcadia; y hacía estragos en la región que rodeaba a Psófide.
Al volver Heracles, dio un entierro digno a este centauro y
le rindió grandes honores.
Posteriormente, se
encaró a su principal cometido: cazar al jabalí de Erimanto.
Heracles desalojó
al jabalí de un matorral con fuertes gritos, le hizo ir a un profundo
ventisquero y allí saltó sobre su lomo. Lo ató con cadenas y lo llevó vivo a
hombros hasta Micenas; pero cuando supo que los argonautas se reunían para su
viaje a Cólquide dejó el jabalí fuera de la plaza del mercado y, en vez de
esperar nuevas órdenes de Euristeo, que estaba oculto en su tinaja de bronce,
salió con Hilas para unirse a la expedición. No se sabe quién mató al jabalí
capturado, pero sus colmillos se conservan en el templo de Apolo en Cumas.
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